Sí pues, Lucía tiene razón, de repente más que viejo me estoy volviendo un aburrido de mierda que no baila, no conversa, y ni siquiera se ríe de las bromas de los demás. Las últimas fiestas a las que he ido me he pasado toda la noche escuchando las conversaciones de mis familiares, amigos y/o desconocidos, sin siquiera inmutarme unas veces, y otras fingiendo una sonrisa que no denote mi gran estado de ánimo. A eso hay que sumarle lo que no sé si peor o mejor, y es que ya ni siquiera me emborracho y a mitad de fiesta se me quitan las ganas de tomar, ni como para quedarme dormido por estar en tranca.
Aún algo peor a todo esto que ni siquiera me aburro solo, sino que mi aburrimiento en algunas ocasiones contagia al resto y termino siendo algo así como el aguafiestas, el aburrido, el que nunca tuvo juventud, y estoy seguro que los que recién me conocen podrían pensar que soy todo eso y mucho más, y nunca imaginarían las noches de juerga, de risas excesivas, de locuras pueriles que me costaron más de una vez que no me tomen en serio por tantas idioteces juntas que hablaba.
Y supongo que debe ser algo psicológico el hecho que mientras más me preguntan si estoy aburrido, si me pasa algo, si estoy triste, si todo anda bien, menos ganas me dan de hablar, de conversar, de cambiar mi cara de poto -como me dice Lucía- y de ser ese chico alegre y bromista que muy bien se adaptaba a todos los grupos, y por el contrario menos ganas me dan de escuchar las conversaciones sin sentido que yo tantas veces he propiciado, o los chistes absurdos de gente que encima no sabe escuchar, o ponerme a bailar esa música tan horrible que mis amigas algunos años menor bailan y que se hace llamar reggaeton.
Claro, no es la edad, no es el tener 29, 39 o 49 años, es el hecho de estar volviéndose un aburrido del carajo con todas esas fiestas de gente bien vestida, de conversaciones acerca del último carro que se compro un hijo de vecino, de lo bien o mal vestida que estuvo fulanita, del mal gusto de haber servido esa comida en el matrimonio, de la manicure y pedicure que no tenían sultanita ni susanita, de las dietas que hay que hacer para verse cada vez más flacas y de la colonia apestosa que se puso el otro hijo de vecino. Es el hecho de ya no sentirse a veces a gusto en un grupo, si ni siquiera puedo sentirme a gusto conmigo mismo. He tratado de reírme de todo lo que escucho, de conversar un poco más y hasta de bailar esa música del cuerno, pero no puedo.
Escribiendo estas líneas me acordé la vez que una enamorada me criticó tanto por cómo era, que hasta me puso de ejemplos a los enamorados de sus amigas, sobre todo a uno en especial por lo conversador y ameno que era, por lo bien que se acoplaba a su grupo de amigas, por las excelentes maneras que tenía a la hora de comer, y muchas cosas más, faltándole sólo agregar hasta por lo bien que tiraba.
He decidido ya no salir con mis amigos porque no quiero cansarlos, que me cansen y dejar de quererlos, he decidido aburrirme de ahora en delante de preferencia solo que con ellos, y he decidido volver a leer más seguido para ocupar mejor mi tiempo y para poder dejar un día de escribir en un blog cosas tan malas como ésta y, sobre todo, tan aburridas... Chau.
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