Fausto está más asado que nunca, qué asado, está hecho un cascarrabias, un energúmeno, un pichín, una mierda completa, y todo porque según él todo sube, el arroz, el aceite, los huevos, el pan, todo sube, hasta las putas suben, carajo, en serio muchachos y no se rían. Pero lo que más le molesta a Fausto no es que todo suba, sino que según él todo está subiendo menos la pinga que se le está bajando, al menos eso es lo que me cuenta también mientras yo me río, pero él dice que no es broma, que recién los años están haciendo efecto y los 58 ya pesan, tanto como para que ya no se le pare bien y para que su esposa de 31 añitos lo empiece a mirar medio de reojo como quien le dice “ya fuiste” y hasta una risita de lado creo que se le sale, pero eso sí no lo va a permitir, que se rían de él por eso, jamás, él que ha sido el gallo de su barrio, qué gallo, el carnero padre, qué carnero, el toro, sí, el toro, porque hasta semejantes vacas dice que se ha tirado.
No sé si es tanto lo que ha vivido y pasado que no tiene el menor reparo de contarme eso y muchas cosas más. O también debe ser el hecho de que sabe que todos en el taller conocemos su reputación como el ex peor delincuente que ha habido en el barrio, sí, señores, “ex” porque ya estoy plantado hace años, pero eso sí, todo queda así que ya le he dicho a mi mujer que el primer huevón que le falte el respeto me lo diga y me olvido de las buenas costumbres que ya he ido adoptando y me desagracio de nuevo y lo mato con mis propias manos, sin armas ni nada.
Por eso cada vez que la mujer va al taller a dejarle su almuerzo nadie se atreve a mirarla, ni siquiera porque va con sus minifaldas y sus escotes todos calentones donde sus pechos firmes brillan por las gotas del sudor que produce el calor del mediodía. Toditos se quedan callados y ni siquiera levantan la mirada. Y según fausto nadie la mirará nunca, incluso todos los jueves en la noche en la cantina de Pachín alardea con que nadie es capaz de hablarle ni siquiera mirar a su mujer porque saben que les costaría caro, además que su mujer ni les haría caso porque con él basta y sobra ya que sigue siendo ese toro de antaño y que después de la borrachera llegará a su casa y hará delirar a su mujercita 27 años menor, que dicho sea de paso está más buena que el pan. Pero lo que no sabe es que desde hace tres meses y a esa misma hora todos los jueves su mujer delira y confiesa entre gemidos que su esposo ya no funciona por lo menos hace dos años, y que por favor nunca le cuente a nadie porque sino su esposo los mata a ambos, y cómo habría de decir algo si yo mismo lo he visto con la seguridad que lo dice, pero culpa tiene él por cojudo de venir a confesarme que su mujer, con lo rica y arrecha que está, hace dos años que no la ve.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario